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Pierre-Auguste Renoir: Pinceladas maestras

Pierre-Auguste Renoir: Pinceladas maestras

Los exponentes de la pintura se multiplican, año tras año, a escala global pero solo unos pocos consiguen trascender. Para que una obra se asocie a un apellido se necesita prestigio y talento, dos condiciones que le permitieron a Pierre-Auguste transformarse en un destacado exponente del impresionismo y realizar aportes artísticos que, aún en la actualidad, se admiran y valoran.

Cuando, el 25 de febrero de 1841, la pareja compuesta por una costurera llamada Marguerite Merlet y un sastre que respondía al nombre de Léonard celebraron el nacimiento de Pierre-Auguste, el sexto de sus siete herederos, no imaginaron la sorpresa que el destino les tendría preparada.
A medida que fue creciendo, ese hijo demostró una extraordinaria habilidad para las cuestiones artísticas. Dominó el solfeo, evidenció su pasión por el dibujo pintando con trozos de carbón sobre paredes, se entusiasmó con las clases de pintura en porcelana y no perdió oportunidad de aprovechar todas las capacitaciones gratuitas que descubría para profundizar sus conocimientos sobre el arte de dibujar.
Pierre-Auguste nació en un hogar humilde pero, en cada etapa de su existencia, tuvo la fortuna de encontrarse con personas que confiaron en su sensibilidad artística y lo acompañaron y alentaron en sus esfuerzos por no abandonar su vocación. Pintar abanicos, colorear escudos de armas y decorar persianas fueron los trabajos que, en su juventud, le permitieron a Renoir juntar el dinero necesario para adquirir los materiales que requería para llevar a cabo sus primeros retratos al óleo.
El paso del tiempo, después de tanto sacrificio para cumplir el sueño de ser pintor, le dio la razón: había nacido para expresarse a través de cuadros y quedar inmortalizado mediante sus aportes culturales. Francia lo cobija como uno de los más grandes referentes que ha tenido la pintura nacional a lo largo de la historia y el mundo lo reconoce como un maestro impresionista: la misión de Pierre-Auguste, por lo tanto, está cumplida.

Sus obras más trascendentes

Muchas fueron las musas femeninas que, a lo largo de su carrera, animaron a Renoir a crear escenas sobre un lienzo. Algunas de esas mujeres son más recordadas que otras debido a la trascendencia de las pinturas que inspiraron. Jeanne, por ejemplo, tiene protagonismo en “Baile en el Moulin de la Galette” y en “El columpio”, mientras que Nini es la amiga que el autor quiso incluir en “El palco”. Aline Charigot, quien sería su esposa y madre de sus hijos, fue representada en cuadros como “El almuerzo de los remeros” y “Maternidad (Aline y Pierre)”.
Claro que, en su proceso creativo, también hubo lugar para los hombres. En 1864, Renoir sorprendió con “Retrato de William Sisley” y, cuatro temporadas más tarde, presentó “El matrimonio Sisley”. Claude Monet, Charles Le Coeur y Frédéric Bazille son otras figuras masculinas que impulsaron a Renoir a incrementar su producción artística.
Impregnándose de una interesante paleta de colores, dejándose influenciar por múltiples estilos y temáticas, sorprendiendo con musas de diversas generaciones y dándole rienda suelta a su maestría para el dibujo, este impresionista francés dio origen asimismo a propuestas como “La Promenade”, “La primera salida”, “Los paraguas”, “Las grandes bañistas”, “Niña con abanico”, “Mujer vestida de negro”, “Retrato de Madame Charpentier” y “En verano”, por enumerar otras genialidades que, pese a su antigüedad, aún conmueven, impactan y asombran a todos aquellos que tienen oportunidad de encontrar, en diferentes rincones del mundo, un trabajo firmado por Pierre-Auguste Renoir, cuya vida llegó a su fin a comienzos de diciembre de 1919 como consecuencia de una neumonía.


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Texto: Redacción Sólo Líderes