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Turismo lento, una tendencia en auge

Turismo lento, una tendencia en auge

Primero fue la slow food para disfrutar los alimentos a pleno. Luego el movimiento de la lentitud fue avanzando hacia otros sectores y así llegó a la actividad turística. A la hora de viajar, el turismo lento invita a dejar las prisas de lado.

 En un mundo donde todo es instantáneo y fugaz, la parsimonia solía tener mala prensa. Sin embargo, a fines de la década de 1980 el italiano Carlo Petrini comenzó a revalorizar la lentitud en la comida y así nació la slow food. Poco a poco, muchas personas se mostraron atraídas por la idea de aplacar el ritmo frenético de la vida para disfrutar las cosas con calma. De este modo el movimiento lento fue creciendo y llegando a diferentes ámbitos.

El turismo lento se enmarca en esta tendencia. Esta modalidad de viaje se basa en las estadías extensas, sobre todo en sitios que no son masivos, de manera tal que se pueda conocer la verdadera esencia del lugar. Por el contrario, esta clase de turismo rechaza los itinerarios recargados, donde se recorren numerosos atractivos en tiempo récord casi como una obligación.

El concepto slow, en este contexto, puede empezar a aplicarse en los preparativos de las vacaciones. No se deben planificar las jornadas de manera detallada, sino que es preferible obtener información básica del destino y luego dejarse cautivar por la cultura local: su música y su literatura, por ejemplo, pueden brindar datos interesantes.

El desplazamiento hacia el país o la ciudad que se visitará, por otra parte, no siempre tiene que ser el más rápido. El turismo lento propone mantenerse conectado con el paisaje y apreciar los cambios que van surgiendo.

Entablar contacto con los habitantes locales, sentarse en una plaza a contemplar la vida cotidiana y pasar largos ratos en un café son algunas de las acciones y actividades que promueve el turismo slow. Todo desarrollado con paciencia y sin prisa.

Hay pueblos y ciudades que hicieron de la lentitud uno de sus principales atractivos. En Argentina, Mar de las Pampas se promociona como una “ciudad sin prisa”. En este pequeño balneario bonaerense, perteneciente al partido de Villa Gesell, no se puede circular a más de 30 kilómetros por hora y, pese al avance de las construcciones, se busca preservar el bosque y la tranquilidad.

Bra en Italia; Rubielos de Mora en España; Loix en Francia; y Sonoma en Estados Unidos son otras de las ciudades que sugieren a sus visitantes olvidarse de los apuros y del frenesí para lograr una conexión especial con el territorio.



Texto: Redacción Sólo Líderes