Solo Lideres

Roberto Fontanarrosa: Una leyenda

“Uno siempre sueña con escribir ‘Cien años de soledad’ porque la novela es como que tiene otro espesor. Pero bueno, es más difícil, quizás porque soy demasiado vago para emprender una tarea de largo aliento como es la novela. Pero confieso que el cuento me atrapó, me sentí muy cómodo en su estructura, pero sin lugar a dudas, la historieta fue mi pasión más grande…” Roberto Fontanarrosa

Fontanarrosa, un rosarino de pura cepa

Hay seres eternos cuyos nombres nos transportan. Las composiciones bellísimas de los notables artistas Antonio Tarragó Ros y de Teresa Parodi, por ejemplo, nos remiten inmediatamente a las tradiciones litoraleñas; las creaciones emblemáticas de los hermanos Dávalos, nos transportan de súbito al alma salteña; de igual forma con las emotivas y reflexivas poesías de Alfonsina Storni, podemos configurar connotaciones de un mar inolvidable. Y si verdaderamente aquello que queremos descubrir, es la identidad de la ciudad de Rosario, surge inexorablemente el nombre del inolvidable Fontanarrosa, un rosarino de pura cepa.
Roberto nació el 26 de noviembre de 1944 y vivió muchos años en el edificio Dominicis, ubicado en Catamarca y Corrientes. Su padre era entrenador de básquet y vendedor de seguros; su madre, un ama de casa con gran sentido del humor y ánimo permanentemente jovial, “a mis padres les divertía pero al mismo tiempo les sorprendía que yo dibujara. No había ningún ejemplo cercano en la familia, ser historietista para mis padres era como ser astronauta”, nos contó largando una carcajada en aquella inolvidable charla que mantuvimos en su departamento de calle Wheelwright con ese amplio balcón hacia el río Paraná, que tanto amaba…
Al tiempo Roberto, comenzó a trabajar en la agencia de publicidad de Roberto Reyna gracias a una gestión paterna. “Cuando trabajaba en la agencia de publicidad, por ahí pasaba meses sin hacer una sola historieta: dibujaba una etiqueta de vinos, una cosechadora... No era lo que a mí me gustaba crear, pero era una posibilidad laboral”.
No pasó mucho tiempo, hasta que logró dar un paso más firme. Gracias al fotógrafo Carlos Saldi, a quien conocía del ámbito publicitario, logró llegar a la revista Boom. A través de sus ilustraciones, entabló amistad con Cognigni y con Crist y así se le abrió una puertita importante en la revista Hortensia, una publicación cordobesa que alcanzó una gran repercusión incluso en Buenos Aires. La pasión por el dibujo ya lo había cautivado por completo. Los salones de humor e historieta que organizaba esta revolucionaria revista de Córdoba, le permitieron conocer al inolvidable Quino, al desopilante Caloi, a los notables Alberto Brescia y Roberto Brócoli y otros grandes talentos, los que con el tiempo, se tornarían en amigos entrañables. Por entonces, el Negro tenía como inspiración al dibujante Hugo Pratt, a quien contactaría en su viaje a Francia por recomendación de Carlitos Saldi. Este artista le fascinaba, y alguna vez manifestó que lo consideraba su verdadero maestro en este oficio.

Revistas Boom y Hortensia
Así evoca aquella época donde se iniciaba en su pasión por la historieta y cómo comenzó a ser muy conocido en la ciudad de Córdoba: “La revista Boom, acá en Rosario, surgió a principios del ’69 y comenzó a raíz de una iniciativa de Ovidio Miguel Lagos, el venía de una experiencia periodística importante en revistas como Primera Plana o Adán que era una revista gráficamente muy cuidada. Llego a la revista Boom a través de Carlitos Saldi, el fotógrafo, porque ya nos conocíamos de la publicidad. Yo trabajaba por entonces en Forma Publicidad con Mirtuono y allí había comenzado a hacer algunas ilustraciones a color, en forma muy precaria porque a mí siempre el color me dio extrañeza, en el sentido que yo venía de copiar siluetas en blanco y negro, el color ni aparecía. Y Ovidio tenía alguna idea sofisticada de hacer las tapas con ilustraciones, posiblemente con algún reflejo de New York o alguna otra revista norteamericana que trabajaba sólo con ilustraciones. Después también participé en la confección de los avisos que no venían por agencia, y por ahí ayudaba a Pepe Ortuño en diagramación, es decir que fue un aprendizaje muy intenso. La revista Boom, que estaba para la época muy lujosamente presentada, tenía mucho color; duró dos años, seguramente se hacía por placer y siempre a pérdida porque era una revista mensual que no creo que se hubiera podido mantener con publicidad. De cualquier manera para muchos de nosotros sirvió como una suerte de vidriera. Varios trabajos míos se publicaron en el Boletín Publicitario y así me conocieron en Córdoba”.

Inodoro Pereyra y Boogie el aceitoso

En 1973, el rosarino se sumó a Clarín, que apostó por autores nacionales para su página de humor y dejó de lado a los caricaturistas estadounidenses. “El reemplazo fue exitoso, no porque nosotros fuéramos mejores que los extranjeros (para nada) ya que copiamos y aprendimos de muchos de ellos, sino porque simplemente nos referíamos a los problemas del país, que eran los mismos que la gente leía en el diario”.
Fontanarrosa no tardó en llevar a Boogie El Aceitoso y a Inodoro Pereyra al diario más vendido del país. Sobre el personaje que surgió como una parodia del radioteatro gauchesco, reconoció que “enseguida tuvo esa cosa muy popular porque salió siempre en un medio de fácil acceso como es el diario. Yo nunca pensé previamente en cómo iban a ser ellos o en qué acompañantes iban a tener. A Inodoro y a Boogie siempre los fui puliendo y acercándoles otros detalles y perfiles sobre la marcha. Digamos que día a día se iban dimensionando al mismo tiempo que los iba dibujando, jamás tuve un guión previo aunque tampoco todo era inspiración absoluta. En lo que respecta a Inodoro Pereyra yo nunca viví en el campo, pero todos tenemos buena información de la vida rural, creo su éxito se centró en la exposición masiva del diario, y en relación a Boogie el aceitoso, más que una parodia de la novela negra norteamericana, creo que influyó en mí notablemente, la serie de Harry el Sucio de Clint Eastwood. Hice una historia simple, una serie única, pero cuando lo vi publicado me entusiasmé y le fui dando personalidad a Boogie, lo fui puliendo, nunca dimensioné su aceptación posterior”.

Un talento único

“La inspiración que viene de arriba es un verso, lo mismo que cuando veías de chico a esos personajes que iban caminando y se les prendía una lamparita. En general nuestro trabajo tiene un componente de información muy grande, una gran observación de la realidad, de leer qué pasa, y después, obviamente hay un porcentaje de oficio que es ‘qué hago con esta información’, porque solo tener la información no te soluciona el problema. Y después sí, habrá un porcentaje que yo definiría como facilidad personal”, señalaba humildemente en vez de atribuirse un enorme talento y agregaba con su inconfundible humor: “Si tengo que esperar la inspiración me muero de hambre, ¡yo tengo que publicar todos los días!”.
A partir de su amor por la lectura, y su enorme caudal de creatividad, llegó a la historieta y también a la literatura. Es notable cómo sus ingeniosos cuentos le valieran de un gran reconocimiento que sirvieron de sustancia para futuros films. A su paso por la novela lo calificaba como no del todo feliz y remarcaba: “Uno siempre sueña con escribir ‘Cien años de soledad’ porque la novela es como que tiene otro espesor, pero me fue imposible”.

Sus creaciones junto a los emblemáticos Les Luthiers
Su capacidad también le permitió colaborar con los ingeniosos Les Luthiers. Luego de conocer a Marcos Mundstock a través de su gran amigo Roque Marull, se acercó al grupo tras la presentación de “Mastropiero que nunca” en Rosario. En relación a su incorporación autoral al brillante grupo, esa simbiosis surgida con el Negro, hizo que el efecto humorístico con el tiempo, se tornara doblemente positivo “Por esa época ellos pensaban armar un equipo de trabajo, un grupo que les acercara ideas. Después el equipo no se armó nunca y yo quedé trabajando con ellos solito. Les acercaba tips que despertaban la carcajada o les servía a ellos para ensamblar sus humoradas tan “de fino talento”, fue una etapa maravillosa en mi vida”, rememoraba el Negro, con una marcada calidez en sus recuerdos hacia estos luthiers talentosos, los que aún hoy, nos  siguen sorprendiendo.

 

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Texto: Lic. Kamala Bonifazi

Fotos: Quicho Fenizi, Norberto Puzzolo, Willi Donzelli, gentileza Gabriela Mahy y Archivo editorial