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Pilar Sordo: Una constante peregrina

“Quizás no existan secretos, tenemos que valorar a los seres queridos y viajar más livianos, esto significa andar sin las mochilas del pasado, disfrutando del presente, alejados de lo material, sintonizando nuestra cercanía con la naturaleza”. Así, Pilar Sordo sintetiza los secretos para lograr ser felices lejos del pensamiento mágico.

 Ella nació en Temuco, Chile, y en los últimos tiempos se ha convertido de este lado de la cordillera en una voz muy representativa de nosotras, las mujeres. Auténtica y sabia, la escritora y terapeuta ayuda a miles de personas a salir adelante y a evolucionar desde el aprendizaje, y también desde la sencillez y la sabiduría de sus libros. Algunos de ellos, como “Viva la diferencia”, “No quiero crecer”, “Bienvenido dolor” y “Oídos sordos”, se convirtieron en best-sellers. “Hay mucha necesidad de avanzar, de salir a flote, y la gente busca salidas, soluciones a sus problemas”, nos comentó en la charla intimista que mantuvimos. “La gente quiere encontrar la felicidad”, asegura esta joven psicóloga y escritora chilena de cincuenta y un años, hoy experta también en esos laberintos de emociones, dolores del alma y reflexiones únicas que definen a una mujer. Pilar habla de transitar el dolor y lo enfatiza: “así como se puede llegar a la felicidad a través de una decisión personal, creo que hay alguna fórmula para evitar el dolor constante: incorporándolo a la vida, sumándolo, haciéndolo cotidiano, porque el dolor es un compañero de este viaje que es la vida. Hay días en que está, pero ni lo notás, y en otros te molesta mucho. Entonces hay que hacerle un lugar, simplemente, para que duela menos”. Esta experta en psicología femenina es simpática, bella, segura, reflexiva, eterna estudiosa y constante peregrina. En suma, una mujer sensible e intelectual, que va siempre por más.

Vivimos desconectados de nuestro cuerpo…

Pilar Sordo, autora también de “No quiero envejecer” y “Lecciones de seducción”, se destaca por su inmensa tenacidad y confiesa que debió enfrentar varios golpes en la vida transitando una fuerte enfermedad, encontrando en su propio camino algunas claves para estar mejor, las que ahora difunde a través de sus libros. “Siempre digo que ni con las conferencias ni con las investigaciones voy a cambiar la vida a nadie, pero sí que mi trabajo puede servir de disparador para reflexionar y mejorar la calidad de vida de otros. Hoy, en este siglo XXI, vivimos desconectados del cuerpo y eso hace que el estrés nos inunde rápidamente y nos enfermemos de alguna manera. Pero lo que hay que hacer es concentrarse en lo que uno es, en su esencia, en lo que uno quiere; tener una agenda, anotar lo que hacés y aquello que te ayude a no sentir que estás presionada. Tener tiempo para hacer ejercicio, meditación, comer sano, estar en contacto con nuestros afectos. Eso contribuye a contrarrestar esa desconexión permanente con nosotros mismos y que luego lleva a enfermarnos”.
“Las mujeres”, nos dice Pilar, “tenemos el derecho y el deber de ser felices, y lograrlo depende de nosotras. En la actualidad vivimos anestesiados creyendo que nos faltan emociones fuertes y, como asociamos el amor a la adrenalina, creemos que la relación está terminada cuando dejamos de sentir cosquillas. No se ve al amor como una decisión, y eso es un problema. A través de mi experiencia comprobé que para encontrar el equilibrio, hombres y mujeres necesitamos rescatar nuestro complementario: las mujeres debemos dejar de boicotearnos y los hombres deben aprender a retener afectos. La investigación me cambió la vida y pude salirme de la estructura de la queja”.

Pilar, una vez escuché decirte que nadie es responsable de mi felicidad, salvo yo mismo…

Es verdad. Siento que hoy en día, mi felicidad es plena porque aprendí a manejar mis miedos y mis soledades, y entendí que nadie es responsable de mi felicidad, salvo yo. Ahora separo las cosas y vencí el pensamiento mágico. Disfruto de lo que tengo, no me pesa lo que falta y no doy vueltas sobre el dolor. Siempre se dijo ‘los hombres son de Marte, las mujeres de Venus’, pero a mí no me alcanzaba. Por eso estudié comportamientos y llegué a la conclusión de que el motor que mueve al universo femenino es la vida afectiva y, al masculino, cumplir con sus objetivos. Así, las mujeres nos quejamos todo el tiempo, mientras los hombres se preocupan por resolver. Ellos son prácticos, hablan poco y son propensos a la ira. Nosotras hablamos mucho, nos desbordamos fácilmente y encontramos refugio en la tristeza. Nuestro mayor defecto es ser cómplices: si nos golpean, callamos; si nos engañan, no queremos verlo.

En alusión a tus primeros éxitos editoriales y grandes best-sellers como “Viva la diferencia” y tantos más, ¿cuáles serían esas otras desigualdades esenciales que podemos establecer entre lo femenino y lo masculino?

Las diferencias más importantes giran en torno a que lo femenino retiene líquido, celulitis, estreñimiento, nos cuesta tirar cosas, tenemos excelente memoria emocional, somos insistentes, preguntonas, y nos enroscamos en lo emocional, y lo masculino tiende a ser soltador, avanza más rápido, retiene menos, siente menos culpa, se queda menos pegado a las situaciones conflictivas. Por eso la gran tarea de lo femenino es aprender eso que lo masculino hace bien que es soltar y quedarnos con lo que nos hace bien a nosotras y la tarea varonil es justamente aprender aquello que el sexo opuesto hace bien, que es retener afectos. También nos lleva a otra diferencia donde lo femenino está orientado a valorar el proceso y los detalles, y lo varonil prioriza los objetivos, sus metas, eso lleva a que en relación a la mujer todo sea más sensitivo y auditivo y lo masculino más visual. En “Viva la diferencia” enfatizo otras series de situaciones importantes halladas en el estudio que realicé durante tanto tiempo.

¿Qué papel cumplen las emociones en nuestra vida cotidiana? ¿Cuál es el secreto para dominarlas y que no nos dominen ellas a nosotros?

Las emociones son lo central de nuestra vida, somos seres emocionales, independientemente de que hayamos cultivado más el ser pensantes, somos esencialmente emocionales y la pena, la rabia, el miedo y la alegría que deberíamos poder expresar todos los días, son el centro de nuestra actividad cotidiana. Todo lo que hacemos nos debe generar una u otra emoción. Yo tengo que tener la capacidad para mantenerme sana física y emocionalmente, de expresar esas emociones hacia afuera, saber en qué partes del cuerpo las estoy sintiendo y ser capaz de reconocerlas en otro. Ahora bien, yo siempre me pregunto cuál es el secreto para dominarlas pero, justamente, no hay que dominarlas. Cuando uno es libre para expresar sus emociones sabe en qué contexto puede expresarlas y frente a quienes, pero hay que entender que la emoción está ahí para poder ser expresada: la clave es encontrar la forma y el contexto para poder manifestarla de forma más sana.

¿Qué problemas son los que nos preocupan hoy en día? ¿Los podemos manejar?

Siento que soy una permanente observadora del ser humano y de mí misma, y de aquello que las miles de personas que escucho me cuentan que les inquieta. Hoy, la gran preocupación es la pérdida de sentido de lo que se hace. Creo que necesitamos buscar elementos que nos generen trascendencia, por eso considero que la búsqueda del sentido es un gran tema, ahí se suman cosas clínicas, como la depresión, problemas de pareja o con los hijos, pero si uno busca en el fondo, es la pérdida de sentido. Pienso que hay que tratar de encontrarle un sentido a la vida, a lo que uno hace, me parece que esto es lo más importante.

Entonces ser felices, encontrar un sentido a nuestras vidas y manifestarlo en lo que hacemos es maravilloso…parece todo muy simple…

Es que no es simple lograr la felicidad, se nos dificulta porque cuesta asumir que depende de nosotros, que es en suma el resultado de un trabajo. Es más fácil quejarse toda la vida del pasado que no tuvimos o el futuro que no podremos llegar a tener, que poder asumir que construyo el futuro todos los días y soy responsable de lo que estoy construyendo. Pero ser feliz no es simple, requiere voluntad, constancia y un trabajo permanente, ser feliz es un trabajo cotidiano, que después se haga simple porque uno agradece y logra vivir tranquila, ese es otro tema.
Creo que no es que se nos olvide conectarnos con la felicidad, se nos olvida entender que es una decisión y que, independiente de los dolores que tengamos en el alma, esa decisión hay que tomarla todos los días al levantarnos. Hay errores de concepto en la definición de felicidad ya que a veces se la vincula con tener cosas materiales y acumular, o se dice que hay que buscarla permanentemente como si fuese una meta o una carrera, o bien se la confunde con la alegría, es decir, con estar contentos.

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Texto: Lic. Kamala Bonifazi