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La milanesa, un plato imbatible

La milanesa, un plato imbatible

Chicos y grandes, de todas las clases sociales y en los rincones más diversos del país, eligen disfrutar esta comida de manera cotidiana. ¿Cuál es su origen? ¿Cómo debe prepararse? En esta nota, todo sobre un manjar que cautiva a los argentinos.

Es difícil encontrar a una persona que no le gusten las milanesas. Y si utilizamos la denominación en su sentido más amplio, abarcando preparaciones de carne vacuna, pollo, cerdo, pescado, soja, berenjena o mozzarella, el desafío es aún más arduo. En Argentina, casi nadie se resiste a una buena milanesa, ya sea al plato o en sándwich.

Los orígenes de la receta son inciertos. Algunos registros históricos indican que, en la Edad Media, ya solía comerse carne con pan, pero no se sabe de qué manera. El nombre claramente nos remite a Milán, ciudad italiana de la región de Lombardía. Allí, en el siglo XII, ya se servía la cotoletta alla milanesa, una costilla o chuleta de carne vacuna empanada.

Otros encuentran el antecedente de nuestra milanesa en el wiener schnitzel o escalope vienés. En este caso, el bife o filete de carne se introduce en un recipiente con pan rallado, harina y huevo batido y luego se lo fríe en manteca.

Teniendo en cuenta que, en el siglo XIX, Milán formó parte del Imperio Austro-Húngaro, la milanesa tal como la conocemos puede haber tenido su punto de partida en cualquiera de las dos versiones. Lo que se sabe es que, con la inmigración europea a Sudamérica de fines del siglo XIX, la milanesa se convirtió en un plato típico de estas tierras.

¿Por qué las milanesas nos fascinan? Los expertos destacan la conjunción entre el crocante del pan rallado y la ternura de la carne, que debe quedar jugosa en su interior. El empanado incluso protege las proteínas cárnicas, que no reciben el calor de manera directa.

Hoy en día existen casi tantas preparaciones de la milanesa como consumidores. La milanesa tradicional argentina, en general, es de carne (peceto, nalga, bola de lomo, cuadrada o cuadril) y se fríe en aceite. Al huevo, además, se le suele añadir perejil.

Se dice que sobre gustos no hay nada escrito, pero no es así. Semanas atrás muchas notas periodísticas dieron a conocer el resultado de una encuesta que eligió a la mejor milanesa de Buenos Aires entre las preparadas en más de treinta bodegones. Con casi 20.000 participantes, la votación arrojó como ganadora a la milanesa de “El antojo”, un restaurante del barrio porteño de Villa del Parque. Para el chef del establecimiento, la inclusión de leche y mostaza en la mezcla es una de las razones del sabor tan particular y aclamado de estas milanesas. ¡A probarlas!
 



Texto: Redacción Sólo Líderes