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Viena: El corazón de Austria

A orillas del extenso río Danubio se encuentra la ciudad más importante e interesante del territorio austríaco, una urbe repleta de atractivos históricos, naturales y culturales que funciona como capital del país.

La equilibrada convivencia entre el pasado y el presente que queda al descubierto apenas se observa el entorno urbano, la nutrida oferta cultural y las especialidades gastronómicas son algunas de las razones que hacen de Viena una ciudad seductora a nivel turístico. Al llegar hasta esta localidad que los romanos bautizaron como Vindobona, una palabra de origen celta que se interpreta como Ciudad Blanca, los encantos se multiplican sin cesar y, ante tantos estímulos y programas fascinantes, uno siente que el tiempo de estadía allí no será suficiente para conocer esta urbe europea en profundidad.
Para aprovechar al máximo el viaje y llevarse lo mejor de Viena, hay excursiones que se deben priorizar. El Centro Histórico, por ejemplo, es el espacio ideal para viajar en el tiempo y conocer su pasado. Por su relevancia, en 2001 este lugar fue declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.
Al ir imaginariamente hacia atrás para reconstruir la evolución de la actual capital de Austria, salen a flote las huellas celtas y germánicas de los primeros años y aparecen recuerdos vinculados a la ocupación por parte de magiares y ávaros así como también a la figura de Carlomagno que, en el siglo IX, conquistó esta zona que llegó a conocerse como Ostmark. También cobran relevancia la etapa de Viena como centro de abastecimiento de víveres y armas en época de cruzadas y el periodo en el cual albergó a la corte húngara.
El interés que esta ciudad llegó a despertar en el Imperio Turco, su posicionamiento como capital de la pequeña República de Austria tras la firma del Tratado de Saint-Germain-en-Laye y los ataques que el territorio sufrió en tiempos de la Segunda Guerra Mundial son otros hechos clave que han marcado a fuego la historia de esta bella localidad austríaca que unos aprovechan para trabajar, otros para estudiar y los extranjeros, para disfrutar un viaje único.

Fuente de historia y cultura

El pasado de Viena puede descubrirse a través de los libros, pero los datos de manual no consiguen transmitir las sensaciones y experiencias que surgen cuando uno mismo recorre sus antiguas calles y visita sitios emblemáticos.
El Palacio de Schönbrunn, una construcción que a lo largo de la historia ha sufrido daños y modificaciones pero aún conserva su esencia original y atesora ruinas de invaluable valor histórico, es una de las edificaciones más imponentes de la ciudad. En 1996, esta joya arquitectónica que supo ser la residencia de verano imperial fue declarada por la UNESCO, junto a los delicados jardines que la rodean y embellecen de manera natural, como Patrimonio de la Humanidad.
La fascinación por las construcciones surgidas en otros tiempos se renueva al llegar hasta el Palacio Imperial de Hofburg, el más grande de los palacios ubicados en la capital austríaca. Los salones imperiales y el museo Sisi, entre otros espacios distribuidos en casi veinte alas repletas de encantos no solamente históricos sino también culturales, dan testimonio de todos los periodos que tuvieron como escenario a este refinado complejo arquitectónico de visita obligada para quienes eligen pasear por Viena.
En la tierra que vio nacer al ex piloto de Fórmula 1 Niki Lauda y al compositor Franz Schubert tampoco se puede dejar de recorrer el Palacio Belvedere, una construcción de estilo barroco que atesora museos y extensos jardines. Los turistas con sensibilidad artística agradecerán llegar hasta el Belvedere Superior para poder apreciar, por ejemplo, la colección más importante a nivel mundial de cuadros creados por el pintor simbolista Gustav Klimt.


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