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Yves Klein y su mundo azul

Los artistas talentosos suelen quedar en la historia gracias a la calidad de sus obras. Yves Klein no es la excepción, aunque este pintor francés cuenta además con un mérito extraordinario: la creación de un color.
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Vivió apenas 34 años pero le alcanzaron para ingresar en la historia grande del arte. Yves Klein evidenció a lo largo de su corta pero intensa existencia una gran creatividad y una enorme capacidad para plasmar sus ideas y sentimientos de distintas maneras. Por eso, a más de medio siglo de su muerte, su figura sigue despertando admiración.

Hijo de pintores, Klein nació el 28 de abril de 1928 en Niza. Desde temprana edad mostró su interés artístico, que combinó con su pasión por el judo y con su búsqueda espiritual. Cuando cumplió 20 años, Klein realizó una serie de viajes y visitó países como Japón, Inglaterra, España e Italia, que le permitieron nutrirse de diversas influencias. Finalmente en 1955 se instaló en París, donde forjó buena parte de su obra.

En sus inicios, Klein solía pintar lienzos monocromáticos, seleccionando los colores de acuerdo a ciertas significaciones que les atribuía. Entre sus elecciones más frecuentes se encontraban el rosa y el dorado; para trabajar con este último tono, empleaba pan de oro.

Sin embargo, hay una tonalidad específica que marcó su obra y su vida. Se trata del color que actualmente se conoce como Internacional Klein Blue (IKB) o, coloquialmente, como Azul Klein. La combinación de pigmentos y aglutinante utilizada fue registrada por el artista, que de este modo se convirtió oficialmente en el creador de un tono cromático.

Klein empleó el IKB en distintos trabajos. Entre ellos, en performances que llamaba antropometrías, que consistían en pintar a modelos desnudas con este azul para luego hacerlas caminar y desplazarse sobre lienzos. También creó esculturas al impregnar diversos objetos con el Azul Klein.

El francés además transmitió su concepción del arte a través de otros modos poco convencionales. En 1958, por ejemplo, realizó una muestra que invitaba a los asistentes a recorrer una sala vacía. Antes había compuesto una sinfonía consistente en un único acorde cuyo sonido se sostenía durante veinte minutos, seguido por otros veinte minutos de silencio…

Cabe destacar que, hasta el próximo 31 de julio, es posible acceder a una retrospectiva de Yves Klein en la Fundación Proa: Av. Pedro de Mendoza 1929, Ciudad de Buenos Aires. Allí se exponen más de setenta obras y un centenar de documentos de este artista innovador.
 
Texto: Redacción Sólo Líderes
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