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El actor de los mil rostros

El actor de los mil rostros

Una gama de distintas sensaciones se fusionan: es la risa o el asombro, pero aquello verdaderamente certero, es la admiraci贸n popular que supo cosechar Mart铆n Bossi.

Se abre el telón, un aplauso ensordecedor sella la aparición de un joven actor. Es tan talentoso, que dudamos si es Joaquín Sabina o Fito Páez, o tal vez Claudio María Domínguez o Ricardo Fort, o si es Luis Miguel, o Ricky Martin quien verdaderamente transita sobre el escenario. Y entonces una gama de distintas sensaciones se fusionan: es la risa o el asombro, pero aquello verdaderamente certero, es la admiración popular que el actor Martín Bossi supo cosechar luego de una ardua tarea de estudios sistemáticos de arte escénico y teatral, y como él bien dice, de trabajo constante.

Te imagino un niño hiperactivo lleno de inquietudes, amante de la pelota y el potrero y los juegos con amigos en una infancia sana marcada por la travesura…

Mi niñez fue absolutamente normal, creo que la infancia marca a las personas y yo siento que tengo una gran sonrisa en el alma por lo hermosa que fue. Recuerdo los olores, los colores, soy un chico de barrio, tuve una infancia muy libre. Nací en Lomas de Zamora, y a los cuatro años vivía en el potrero de enfrente. Así que a las diez de la mañana ya estaba jugando al fútbol y viene a mi mente la voz de mi mamá llamándome, con cantito: “Martiiiiiinnnnn, a comeeeeeeerrrrrr”, era el grito de la muerte porque ahí se terminaba el partido. Comía con un pie en la silla y otro en el suelo, mi papá me retaba: “¡sentate bien!”. Los sábados me despertaba y veía a mi mamá tomando mate con mi tía, mi abuelo pintando. Aún huelo el olor maravilloso a maní quemado que venía de la cancha, las escondidas eran una aventura maravillosa. Después la vida fue cambiando, perdí a muchos de esos afectos de un modo lógico y natural.

¿Qué talentos heredaste de tus padres?


Tuve padres muy duros, mi papá falleció a mis diecinueve años, mi mamá vive todavía, eran “tanos” muy exigentes. Yo jugué al tenis de modo profesional y mi papá, que también era tenista, me decía por ejemplo: “si yo tuviera tu edad no dormiría más, me quedaría día y noche derribando paredes con la pelotita”. Yo le hice caso pero no con el tenis, sino con el arte, casi no duermo en el sentido literal, me levanto a las cuatro de la mañana y me pongo a practicar frente al televisor.

¿Podríamos decir que tus padres fueron esos grandes maestros y donde te protegías constantemente?

Sí, mis viejos fueron grandes maestros pero no en lo artístico, sino que todo mis esfuerzos fueron para demostrarles que no era lo que ellos creían, porque de chico fui terrible, un loco, me rateaba mucho. Y cuando mi papá falleció le dijo a mi mamá: “fíjate qué podés hacer por Martín”.

Entonces ensayaste y te perfeccionaste para mostrarles lo que eras capaz de hacer…


Sí, porque yo tenía que demostrarles que podía lograrlo. Cada uno tiene su karma, pero cuando mi padre se fue, me quedé solo, y tuve que optar. Él hizo que practicara tenis, aunque en realidad, yo quería hacer teatro. Él me decía que lo artístico era cosa de vagos, hippies y entonces me mandó categóricamente a laburar. Al mismo tiempo yo decidí estudiar la carrera de Comunicación Social pero para hablar en los pasillos con las minas. Cuando mi papá muere, yo en un punto empecé a preocuparme y a ver, qué haría de mi vida, y comencé a dedicarme a aquello para lo que vine al mundo, a entretener y divertir, porque en mi interior, siempre estuvo eso escondido.

¿Qué edad tenías cuando empezaste a estudiar teatro con Víctor Laplace?

Yo tenía veinticinco años más o menos. Recuerdo que en aquella época, con mi socio Diego Djeredjian que hoy es mi representante y el productor de mis obras, como teníamos una cultura del tenis muy grande, vivíamos encerrados en un cuadrado y no conocíamos chicas. Éramos un fracaso de pibes; entonces Diego descubrió su veta musical, empezó a tocar el piano y comenzamos a reunirnos en su casa a cantar, nos encerrábamos en su pieza a practicar mientras la mamá nos cebaba mates.

Cierto día nos contrataron para un cumpleaños de quince, nos pagaban cincuenta pesos, era un montón de guita, yo para sacar ese dinero tenía que estar un mes dando clases de tenis. Hicimos imitaciones porque Diego tocaba acordes nada más. Me pareció que era un modo de empezar porque yo siempre tuve claro para qué vine al mundo, pero no sabía bien por dónde comenzar. Entonces arranqué haciendo fiestas, me llevaba mi equipo de música, mis maquillajes, y hacía imitaciones.

Y estas fiestas fueron el puntapié inicial para tus magníficas representaciones de hoy…

Sí, sólo que en un momento me sentí limitado por no tener estudios, y un día iba caminando por San Telmo y pasé delante de la escuela de teatro de Víctor Laplace, justo estaban tomando pruebas, me tomaron un texto de Calderón de la Barca, del libro “La vida es sueño”, todavía me lo acuerdo de memoria. Eran como cuatrocientos los jóvenes que se estaban probando para entrar, y sólo quedaban veinte, yo quedé entre esos veinte y así comencé a estudiar lo que me gustaba realmente.

Se percibe una enorme espiritualidad cuando hablás ¿tenés algún maestro que te enseñó el camino del ser?


No soy de esos que siguen a un líder espiritual, que tantas veces te muestran un rumbo que ellos no respetan, porque no tienen ninguna sensibilidad. No voy leyendo libros de esa índole, mi onda espiritual es rodearme de buenos amigos, gente que aprecio, mis maestros de la vida. Soy un gran alumno, escucho mucho a los que sé que me hacen bien, que me pueden ayudar con sus consejos, guiar con la palabra o la compañía. Algunos me acercaron lecturas, otros me estimularon para que empiece danza o canto, también las mujeres han sido grandes guías espirituales para mí.

Figuras como China Zorrilla y Graciela Borges te aprecian un montón y te consideran “un buen tipo y un excelente profesional” ¿cómo te definís vos mismo?

Es difícil definirse, la obra es la vida misma, Dios te da y te quita, a mí me quitó a mi papá, a mi tía y mis abuelos siendo muy joven, y fue muy duro, pero después me dio la posibilidad enorme de expresarme en un escenario. En el caso de China y Graciela fue una compensación hermosa por tantas pérdidas, no sé si porque soy buen o mal tipo, no lo puedo decir. Sí soy muy honesto conmigo y los demás.

¿En qué consisten tus entrenamientos? ¿cómo es el backstage para lograr esas personificaciones geniales?

No hay muchos secretos, cuando hay constancia hay base. No estamos acostumbrados a estudiar mucho en este país, lo primero que me enseñaron es: “ser o no ser, esa es la cuestión”, no lo entendía bien en su momento, lo comprendí hace muy poco. Y había otra frase en la escuela de teatro que decía: “convertir lo cotidiano en extraordinario”, eso, el estudio, las técnicas me llevan a poder actuar.

Tu mega show “El impostor apasionado”. Tiene todos los ingredientes de un music hall con una orquesta en vivo, un ballet de seis bailarines y una imponente puesta en escena en base a proyecciones fílmicas y multimediales…

En verdad estoy muy satisfecho con este espectáculo, ahora me acompaña en escena Manuel Wirtz y a lo largo del mega musical, voy desarrollando caracterizaciones de notables personajes de figuras de la música nacional e internacional, de la televisión, de la política, y la cultura de todos los argentinos e hispanoparlantes.

¿Tinelli fue una bisagra en tu carrera?

No, para nada. Fue un paso muy grande para el reconocimiento, pero bisagra fue mi nacimiento o haber entrado a la escuela de teatro. Marcelo me abrió el camino de aprender a trabajar bajo presión y de la popularidad. No hablo de fama, porque la palabra fama me da mucha vergüenza y además es horrible, porque el monstruo interior llamado ego aparece de la peor manera.

¿Qué personajes amás o te han dado más satisfacciones de todos ellos?


Sin lugar a dudas Sandro, porque me acercó mucho más a Dios, porque Sandro es arte y poesía, me encuentro plenamente emparentado con nuestras raíces a través de él, porque los argentinos somos Sandro o Gardel, y él me acercó a mis viejos y a mi abuela que eran sus fanáticos…

Te insertado rápidamente en un ambiente muy competitivo y hostil. ¿Has tenido alguna tristeza o decepción?

Tuve decepciones con algunas personas cuando me empezó a ir muy bien, cuando comencé a ser muy conocido. Fue una tristeza muy grande que logré superar con el tiempo.

¿Te quedan sueños pendientes?

Sí, muchos. Me gustaría ir a New York y hacer comedias musicales, hacer cine a nivel grosso, dejar alguna señal, me quiero ir de este mundo actuando…

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Texto: Redacci贸n S贸lo L铆deres

Fotos: Gentileza Mart铆n Bossi